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El sueño de Sierra, el sueño de todos

Faltan tres minutos para el final. Unión Española está con 10 jugadores por expulsión de José Luis Jerez. El meta Jaime Bravo -Sam, para los amigos e hinchas- corta una pelota aérea, pero no tiene a quién dársela. José Luis Sierra le grita y corre como endemoniado. El saque de Sam sobra al último hombre de la adelantada zaga coquimbana. El Coto encara, frena, se la cede a Mauricio Risso y éste es derribado por Luis Corvalán. El árbitro Rubén Selman no duda: penal.
Todos miran a Sierra. Camina calmadamente, coloca el balón, le pega rasante al medio y corre hacia la barra. Es el 3-2 definitivo, el gol que sellaba la historia de Unión campeón. Toda la compostura de la semana se termina. El jugador que no quería dedicar triunfos, el que actuaba con excesiva mesura antes de esta final, daba rienda suelta a la alegría más grande de su vida: lograr un título con Unión Española.
La historia está escrita, por más que el ímpetu coquimbano continúa en los escasos instantes que quedan, con el Choro Robles como estandarte. Unión espera el final y puede al fin celebrar.
El objetivo de los abrazos de jugadores e hinchas es el Coto Sierra, el único que se quedó con la camiseta roja y no se puso la blanca de celebración del título que confeccionó uno de los auspiciadores. Sierra abraza a todo el mundo. Niños, grandes y hasta a una abuelita que está en la cancha. Entre palmoteos se seca la transpiración. Llora de felicidad.
La cancha está invadida y el Coto saluda al presidente Salvador Calera. Después a Manolito Neira, un abrazo de más de un minuto, el más afectivo. La prensa los rodea respetuosamente. Nadie quiere interrumpir el ritual.
“Esto es una emoción muy grande, no sé que decir”, señala tres veces. A la tercera se le quiebra la voz: “Esto es muy especial para mí. Antes fui campeón con Colo Colo, pero nunca sentí tanta emoción como ahora. El título se lo dedicó a la hinchada”.
Pareciera que el millar de seguidores hispanos apostados al lado de la marquesina lo escucharan, porque cantan: “Dale capitán, gracias capitán”. Y se le vuelven a caer las lágrimas.
Sierra recibe la Copa, la levanta e inicia la vuelta olímpica. El autor del gol de tiro libre de Chile a Camerún en Francia 98 se la cede a su amigo Neira. “La gente de Unión sufrió demasiados años sin títulos, incluso en segunda división”, dice. Se abraza con Pablo Galdames y le sigue dando besos al trofeo.
“Merecíamos estar en la final y ganarla. Dijeron muchas cosas, que jugábamos lento y que no jugábamos a nada. Pero ahora lo que digan los demás no me importa, somos los mejores”, desafía. Y agarra la copa. Y se la lleva al bus. Un hincha le da un beso, pero él no suelta la copa. Su tan preciada copa ganada con la camiseta de Unión Española.

FINAL SOÑADO
Sus 36 años no fueron impedimento para ser uno de los más activos en la avalancha "Roja" que se tomó el Francisco Sánchez Rumoroso. Y no era para menos.
"Obviamente que este título es muy especial. Por la relación que tengo con la colonia y, además, por terminar convirtiendo el gol del triunfo. Es el final que cualquier jugador que se identifica con un club quiere tener", dijo ayer el volante.
José Luis Sierra consiguió uno de los pocos logros que no había alcanzado en su exitosa carrera como jugador: un título oficial con Unión Española. El "Coto" es hincha hispano desde que era niño y, pese a estar en dos períodos en el equipo rojo, nunca había levantado la copa de un torneo nacional junto con el club de sus amores.
El "Coto" reconoció anoche que "cuando fui a patear el penal no pensé en nada porque iba muerto. Sólo que tenía que pegarle fuerte y al medio".
El romance entre Sierra y el equipo de la Plaza Chacabuco se remonta al 9 de septiembre de 1989. Unión recibía a O'Higgins por el Campeonato Nacional y en el camarín había un joven inquieto, que contaba los minutos para salir a la cancha. Era el debut oficial de un volante que, con una zurda espectacular, comenzaba a escribir una de las historias más talentosas del fútbol nacional. También fue el inicio de su estrecha relación con las redes. "Enfrentamos a O'Higgins en Santa Laura. Perdíamos 4-0 y yo hice el descuento sobre el final. Ese fue mi primer gol, en el arco sur del estadio", recuerda Sierra cada vez que le consultan por su debut.
Sierra sumó ayer su sexto título profesional. La última vez que había gritado campeón fue en 1998, cuando junto con Colo Colo celebró la obtención del Torneo Nacional.
En este torneo, el talentoso volante volvió a ser protagonista. Con su estilo clásico, puso el fútbol necesario para que su equipo levantara una nueva Copa. Cuando todos daban por descontado que el cuadro hispano no seguía en carrera, el "10" puso la cuota de talento para alcanzar el preciado objetivo.

"SE LO DEDICO A MI PADRE"
Sierra no se cansó de dedicar el triunfo a aquellos que ya no están en el club. "Este título tiene un sabor muy especial. También lo merecen mucha gente que trabajo con nosotros y que ya no está, como el Nacho González, Sebastián Miranda, Fernando Carvallo y Roberto Hernández", recordó el volante, quien agregó que "este torneo fue muy difícil porque la cantidad de jugadores que tenía el plantel, en comparación al anterior, era muy reducido".
"Cuando perdimos la final con Cobreloa creí que nunca más... Que era un bonito fin a mi carrera. Afortunadamente se dio de nuevo y este título se lo dedico a mi papá que nunca me pudo ver campeón... Además, se lo dedico a toda la gente que nos acompañó en este largo proceso. Esto es un premio a una consecuencia de años, de buen estilo de juego, a veces es criticado y mirado en menos", reflexionó José Luis Sierra.

Las Últimas Noticias, La Tercera y El Mercurio
10 de julio de 2005