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Un réquiem para Santa Laura

Por Julio Martínez P. (JM)

Santa Laura pronto quedará en los recuerdos. La Asamblea de Socios de Unión Española acordó aprobar la venta del recinto hispano.Tarde o temprano, Santa Laura pasará a ser historia. Una historia escrita con pasión, fervor y convicción popular. El origen del clásico de las colonias que regularmente terminaba a bastonazos.
Sucedió el lunes en Carmen 110, la sede de Unión Española, con motivo de la Asamblea extraordinaria convocada para tratar un solo tema: la autorización al directorio para la venta del Estadio Santa Laura.
Un centenar de socios, tras escuchar la cuenta de Salvador Calera -dirigente moderno, dinámico, incansable- que ha conseguido a través de varias instituciones bajo su mando un grado de credibilidad poco común, decidieron respaldar la iniciativa señalada sin lágrimas ni drama, absortos por la triste realidad. Si Unión no vende Santa Laura, no tardará en hacerlo una entidad bancaria. La disyuntiva era lapidaria. Y la votación también: 75 a 3.
Los terrenos que ocupa actualmente el Estadio Santa Laura formaban parte de la chacra "La Obra", hijuela segunda de La Palma, cuya propietaria era doña María Luisa Monau M., casada con don Absalón Valencia Zabala . ¿Sus límites? Al norte: Hijuela 3.a de "La Palma" que se denominaba "Las Casas". Al sur: Hijuela 1.a de "La Palma" que se denominaba "La Quina". Oriente: varios propietarios con el camino "Del Guanaco" de por medio. Poniente: Fundo "Lo Sánchez" en lo que es actualmente el Hipódromo Chile con camino a Colina de por medio, hoy Avenida Independencia.
Por escritura pública del día 21 de octubre de 1922, en la notaría Vergara Rodríguez a fojas 672, N.o 571, la señora María Luisa y su esposo venden a los señores Rosendo de Santiago, José Goñi, Evaristo Santos y Juan Francisco Jiménez un pedazo de terreno de 45.033,80 metros cuadrados de superficie de su chacra "La obra", que deslinda con el callejón "Del Guanaco" y Santa María, hoy Huanuco.

HISTORIA DE UN OCTOGENARIO
El precio de la compra-venta fue $ 257.934,50. Con $ 30.000 al contado y el saldo con cuotas anuales de $ 25.000. Estas cuotas se pagaron cada 20 de octubre, durante casi una década, siendo la última de $ 27.934,50.
O sea, crédito blando conseguido por aquellos dirigentes de la vieja Unión Deportiva Española, que tuvieron el optimismo, el empuje y el fervor para forjar y materializar una inversión de esa naturaleza.
¡Qué visión la de aquellos hombres que por años se mantuvieron al frente de la institución hispana! Rosendo de Santiago, José Goñi, Evaristo Santos y Juan Francisco Jiménez. Algo así como los mosqueteros de la Plaza Chacabuco.
Es posible que el lenguaje árido de las cifras aparezca innecesario, pero resulta vital para establecer comparaciones y ratificar la dosis de entusiasmo y audacia que caracterizó aquella gestión.
Hace algún tiempo, muchos de esos cien asociados que aprobaron la venta hubiesen protestado a voz en cuello para cobijarse en una consigna perentoria. Santa Laura no se toca ni se vende. La realidad es otra y posterga cualquier rasgo de romanticismo. Es más, también correrá la misma suerte y con anterioridad, el edificio de la calle Carmen. Con lo que se obtenga en las transacciones se construirá un recinto nuevo, presumiblemente en La Reina, techado y apto para el fútbol y otros deportes.
La confianza depositada en Salvador Calera resalta en un momento marcado por la desconfianza y la incredulidad. Es casi insólita. Pocos timoneles consiguen una adhesión así para tan dolorosa decisión.
Tarde o temprano, Santa Laura ira engrosando los recuerdos y las añoranzas de un pretérito imborrable. Todavía quedan vestigios del antiguo frontón y la pelota vasca, de la bolera para goce de los asturianos, de las canchas de tenis por el ingreso a la galería norte. La piscina, en cambio, dio lugar a un amplio estacionamiento para automóviles. La metamorfosis grafica el cambio de épocas y por ende el cuadro costumbrista.

CLÁSICO DE COLONIAS
Con el tiempo, se recordará a un andaluz llamado Pancho Torremocha, que organizaba las veinticuatro horas ciclísticas para Navidad. Una suerte de verbena plena de colorido junto al fragor pedalero.
Se recordará que una tarde Antonio Fernández cayó ante Frontado ya en el ocaso del legendario Fernandito.
Se recordará el sudamericano de básquetbol masculino en una tablado habilitado especialmente entre las dos áreas.
No todo fue fútbol, en suma, porque cuando era virtualmente el reducto de la colonia, supo de cenas y bailes y de aquel casino enorme donde imperaban el chorizo y las marraquetas.
Y se recordarán aquellas contiendas ardorosas del treinta, en los albores del profesionalismo, que dieron lugar a los duelos de Audax y Unión que terminaron más de una vez a bastonazo limpio entre italianos y españoles auténticos, recién llegados a nuestra tierra que a la mayoría acogió para siempre. Los italianos con el consabido "toscano". Los hispanos con sus puros de marca. De ahí surgió lo que la prensa bautizó como el "clásico de las colonias".

PARA LA HISTORIA
Se recordará que un juez argentino, Raúl Iglesias, falleció de un paro cardíaco muy cerca del arco sur. Fue fulminante. Se recordarán las reuniones dobles con que se daba comienzo en tarde sabatina al campeonato oficial. Se recordarán tantas cosas, que esas imágenes irán creciendo en la mente hasta convertirse en un capítulo ancho, un libro, un jirón fundamental en la historia de nuestra actividad física. Se dijo muchas veces, Santa Laura no es sólo el reducto de Unión. Es el estadio de todos. El refugio del fútbol.
Queda tiempo aún, pero la sentencia está firmada.
Tarde o temprano, Santa Laura pasará a ser historia.

Diario La Segunda,
1 de agosto de 2003